SER PARA OTROS
April 28, 2009
La historia de Diego y Fredy, dos jóvenes que sueñan con estudiar para consagrarse al servicio del desarrollo de su comunidad.
Por María Fernanda Heyaca
Editora de Idebate.ñ mheyaca@idebate.org
Es mi ultimo día en Chiché; parto a Nueva York mañana. María carga a su bebé entre su colorido ropaje; Fredy esta con nosotras. Estamos al borde de la carretera; exactamente, al lado de un quiosco donde, bajo la lluvia chichelense, liviana pero contínua, pedimos un teléfono y compré deliciosos panitos que luego cenaré en el hotel, seguramente acompañados de una taza de café. Salimos a la carretera luego de entrevistar a Fredy y Diego en casa de Diego, donde hablamos sobre un sueño muy importante que ambos comparten: seguir estudiando.
Nos rodea el silencio omnipresente de los senderos de la noche rural; que también es silencio propio de los ambientes que huelen a despedida. Mi cabeza busca esa bendita frase final capaz de eternizar la esencia de un encuentro humano profundo a lo largo de nuestro andar. La llegada de mi carro interrumpe mi fallida búsqueda. “Mery, me vas a hacer falta”, susurra María al abrazarme. La profunda genuidad de sus palabras me obliga a ser fuerte. Envueltas en el rítmico choque que dibuja la lluvia contra el asfalto y la tierra, nos separamos y su mirada profunda y brillante hecha de maíz negro, me sigue mientras subo al carro. Observando a través de la ventana y escuchando esa melodía, ordeno esta historia. En casa en Nueva York, mientras plasmo en la pantalla de mi computadora imágenes atesoradas en mi memoria, seguramente, María, estés en tu cocina, en una aldea de pueblo Maya. Diego y Fredy, más que amigos, hermanos, seguramente estén estudiando (tal vez a la luz de una vela) y buscando las mil y una formas para seguir adelante, cargando con dignidad las durezas de la vida rural. Qué indecible es esa realidad paralela que conecta dos tales puntos; Nueva York-Chiché, distantes cultural y geográficamente, entrelazadas humanamente.
Ahora mismo recuerdo aquella conversación donde María nos acercó la historia de Diego, un joven que vive en la comunidad de Salamabaj. Puntualmente, María compartió conmigo lo que aún es el más importante sueño de Diego: ser médico. Los sueños dejan de serlo cuando encontramos el camino que a ellos conduce y siempre que contemos con los medios para andar ese camino. Diego carece de recursos para estudiar medicina en la universidad. Para recorrer el camino hacia su sueño, necesita la suma de dinero que le permita vivir en Santa Cruz del Quiché, ciudad donde se dicta la carrera de medicina, y afrontar el costo de sus estudios.
Hasta aquí, tal vez alguien concluya que esta es una historia privada y, aunque individual, compartida por millones de jóvenes latinoamericanos. Sin embargo, hay algo que, en particular, convierte al sueño de Diego en un proyecto de carácter publico, es decir, que concierne a todos aquellos y aquellas que crean en los derechos humanos como ideales realizados en la acción antes que como declaraciones de loables principios plasmados en convenciones internacionales, aunque huecas de contenido real. Y es que Diego no quiere ser médico para sí. Diego quiere estudiar medicina para contribuir al desarrollo de su comunidad. El motor que da vida a su sueño es consagrar su vida profesional al desarrollo comunitario de Salamabaj.
Remarcar “Salamabaj” es el quid de la cuestión. En esta, como en tantas otras comunidades rurales en el Departamento de Quiché, la presencia estatal en su función básica de provisión de servicios sociales es efímera, por no decir nula. Para poder atender su dolor, un/a habitante de esta comunidad debe bajar hasta la salita comunitaria del casco urbano de Chiché. Si llueve, y la temporada de lluvias en Guatemala dura 6 meses, esto implica que dicha subjetividad tendrá que atravesar caminos de lodo resbaladizos, probablemente, con un mismo par de zapatos viejos y tal vez agujereados. Implica caminar horas para llegar a una sala donde tal vez el/la enfermero/a no logre entender la descripción del dolor que se carga. Imaginemos a una mujer de Salamabaj que nació y creció inmersa en la cultura Maya que no domina el idioma castellano y que producto del dolor que le causa una deficiencia en su sistema reproductivo, se acerca a la salita de salud. Nuestra mujer, antes de lograr un diagnóstico, tendría que atravesar dos barreras. Por un lado, lograr hacerse entender en un idioma que no domina (problema que no existiría si la formación en lengua quiché fuese un requisito para los/as enfermeros/as). Por otro, su valija cultural bien podría impedirle que haga una referencia explícita a su sistema reproductivo. Para una mujer occidental y urbana este escenario no presenta ningún tipo de complejidad; si tiene cobertura de salud o acceso a un hospital público, simplemente, visitaría a un ginecólogo y le diría explícitamente: “me duelen los ovarios”. El problema es que tenemos que entender, sensiblemente, que las tantas muchas cosas que damos por supuestas los hombres y mujeres occidentales que vivimos en contextos urbanos, no son necesariamente condiciones de partida sino, muchas veces, de no-llegada para tantas otras personas sumidas en las limitaciones de un contexto rural no occidental de ausencia estatal. Y es precisamente en esas condiciones de no-llegada, la cuales se reproducen en un plano silencioso, micro y cotidiano, donde nuestra inacción hiere de muerte a los derechos humanos como ideales realizados en la acción, solo para hacerlos renacer como loables declaraciones de principios plasmadas en convenciones internacionales y huecas de contenido.
Diego no se resigna porque cree que los/as enfermos/as de su comunidad son portadores del derecho humano a la salud. Porque cree que aguantarse el dolor no debería ser la única cura para las enfermedades de las personas sin recursos económicos. Por eso su historia nos concierne a todos; porque no quiere ser para sí, sino ser para otros/as. A la historia de Diego se suma la de Fredy, que también busca los medios para continuar estudiando porque también quiere poner sus conocimientos al servicio del desarrollo de su comunidad.
Frente a todo esto, agreguemos que si convertimos estas historias de Quetzales (la moneda oficial guatemalteca) a Dólares Estadounidenses, estaríamos hablando de una cantidad anual que no sobrepasa el costo de tres meses de alquiler en un barrio vulnerable de Brooklyn. ¿Vamos a seguir pensando que no podemos hacer nada?
Aquí va la historia que busca demostrar que el impacto de nuestras acciones individuales es la armadura para evitar que se hiera de muerte a los derechos humanos.
Idebate.ñ: ¿Dónde naciste?
Diego: En Salamabaj
Fredy: Yo también
I: ¿Cómo es Salamabaj?
D: Bonito, grande. Allí hay personas a las que les gusta trabajar, que luchan por un futuro. No les importa si fracasan, luchan siempre.
I: ¿Freddy? ¿Cómo describirías Salamabaj a alguien que no la conoce?
F: Mi tierra es una de las más bonitas. Las personas junto a mí, mis vecinos, amigos, familia, son personas que trabajan para luchar con un beneficio. No les importa si fracasan o no salen las cuentas, siempre lo bueno es intentar y ver que tenemos la capacidad. Es grande, amplia, hay libertad. Hay que caminar mucho para venir porque está lejos… A Guatemala vale conocerla por la naturaleza que nos da este mundo. También le diría a esa persona que seríamos grandes cuatazos, como Diego y yo que somos grandes amigos, estamos juntos y nos ayudamos. Los invitaría a venir a ver todos los recursos que nos da la tierra y el trabajo que hacemos, como sembrar la milpa, y lo que nos da para nuestro beneficio, como las frutas. También, hay mucho aire puro. Salamabaj significa tablas grandes, castellanizado. Es un nombre muy bonito.
I: Contame por qué te parece bonito…
F: Porque es la tierra en que nací. Es acción, fortaleza, piedras anchas, largas. Me da una espiritualidad tal que aquí se puede hacer cualquier cosa, no obstante las cosas que suceden en el mundo.
I: ¿Cómo describirían a su comunidad?
D: En Salamabaj no tenemos mucha salud. La salud es muy baja y la gente no tiene la mayor capacidad de mantenerse sana por falta de dinero. En educación sí hay cobertura pero la calidad es baja.
I: ¿Qué enfermedades afectan a los jóvenes?
D: Tos, dolores de estómago, no tanto SIDA, salvo algunos que se descuidan…
I: ¿Por qué se descuidan?
D: Por querer probar otras cosas, por no tener conocimiento sobre cómo se hace y se siente.
I: ¿Se capacita a los jóvenes?
D: Sí, en el instituto [nombre acotado con el que se refieren a su escuela, que está en el pueblo de Chiché]. Siempre dicen que es prohibido, prohibido.
I: ¿Qué es prohibido?
D: Hacerlo de temprana edad.
F: Los muchachos quieren hacer un paso largo hacia la vida futura pero no llevan el camino que tienen que recurrir.
I: ¿Reciben capacitación sobre prevención?
F: Sí, en el instituto. Piden a la Directora que de tiempo a personas del centro de salud. Hace un mes vino un médico y hasta nos dieron folletos sobre prevención de enfermedades de trasmisión sexual.
I: ¿Sirven?
D: Sí, nos han ayudado bastante.
I: ¿Descubrieron cosas que no conocían?
F: Sí, muchas.
I: ¿Por qué no se enteraron antes?
F: Los padres de aquí no cuentan todo. Lo que pasa en la vida lo ocultan como si fuera que extienden un veneno en el mundo. Pero a nosotros, los jóvenes, no teniendo experiencia de saber cómo es, nos hacen un daño.
D: Han ocultado el cómo prevenir; tal vez por lo religioso. Piensan que es algo que no es normal.
I: Hablemos un poquito de la lengua. El Quiché, ¿es un dialecto o un idioma?
D: Quiché es un idioma.
F: Es un recuerdo que nos han dejado nuestros antepasados. Al venir los españoles a invadir América, exterminaron a Tecún Umán… nos ha afectado. También, al destruir el conocimiento sobre cómo se ha originado el pueblo Maya. Es bonito tener muchas lenguas, es un legado bonito que nos han dejado. También es una forma de comunicarnos unos con otros, de entendernos, al pedir ayuda y cosas que nos interesan. Como ahora, estamos dialogando para entendernos.
I: ¿Hablan Quiché en casa y Castellano en la escuela?
D: Sí
I: El primer día que fueron a la escuela, ¿hablaban Castellano?
D: Sólo nombres, verduras, pero no podíamos conversar.
F: Yo la primera vez que fui a la escuela… ¡qué bueno que me tocó un maestro que hablaba Quiché! Él nos dijo que es importante que aprendamos el Castellano para comunicarnos con las personas con cargos importantes.
D: Como el país es multiétnico, multicultural y multilingüe, tenemos que aprender dos o más idiomas. El Castellano es el más importante de aprender para poder comunicarnos con ellos.
I: ¿Es igual el Ixil que el Castellano?
D: Sí, son idiomas que inventaron nuestros antepasados; cada país y región inventó su forma de comunicarse.
F: Es distinto pero también es igual porque al aprender Ixil me puedo comunicar con mi gente, por ejemplo mi abuelo; no así si hablo castellano: no puedo decirle “buenos días, buenas tardes”. El Castellano tiene esa misma función.
D: Son distintos pero los tratamos iguales, como idiomas, como formas de comunicación.
I: ¿Qué más podemos agregar sobre el tema de la lengua?
F: Guatemala es importante, también, por tener muchas lenguas y cada uno con su forma de comunicarse.
I: ¿Qué habrá querido decir el profesor con que es importante hablar el Castellano para comunicarnos con personas con cargos importantes?
F: Es importante hablar con personas que son importantes, es bueno ser multilingües para entendernos.
I: ¿Qué significa ser una persona importante?
F: El que tiene responsabilidad, respeto, amor a las cosas.
I: Sigo sin entender…
F: Por ejemplo un juez.
D: Como dijo mi compañero, si llego al juzgado y no puedo hablar el Castellano, tal vez te acusaban solo por no poder hablar con el juez.
I: ¿Puede pasar que me acusen de haber hecho algo y no poder defenderme por no saber Castellano?
F: Si me dicen “Firme aquí” y no entiendo, por firmar y no poder hablar el Español me meto en un lío. Al querer sacar un papel importante (como la partida de nacimiento o el matrimonio civil) nosotros necesitamos del idioma Español.
I: Si vas a una comisaría, el Estado, ¿está obligado a tener un oficial que hable Quiché?
F: Dos que tres. Son pocos.
I: Hablemos de educación. ¿Todo el mundo va a la escuela?
D: No
I: ¿Por qué?
D: Algunos están en extrema pobreza y buscan qué hacer para mantenerse en la vida. Si van a la escuela no pueden comprar lo que necesitan para la vida. Antes, hace unos 30 años, se constituyó una escuela en el pueblo. Antes no había escuela en las comunidades; tenías que ir al pueblo y es lejos. Hay comunidades más lejanas que esta. En mi caso, antes no teníamos dinero ni mi padre tenía trabajo para darnos un estudio, comprar útiles…
I: Si fueras Ministro de Educación, ¿qué te preocuparía?
F: En las escuelas, que los niños tuvieran un lugar fresco y seco para trabajar. Aquí las escuelas son pura lámina lo cual genera calor en el cuerpo, te da sueño y desconcentra. En el pueblo los maestros podrían darnos más presión para estar más preparados para que no nos cueste tanto entender toda la materia que nos dan. Antes, cuando no había escuelas, sólo los ricos podían ir a la escuela. El niño o niña tiene que estar junto a la familia para colaborar en el sustento y así debe dejar la escuela.
También me preocuparía que los maestros expliquen bien a los niños en todas las clases, que se responsabilicen si los niños están descontrolados, que no los dejen. Los maestros tienen un papel importante en la vida de los niños; en dar buena educación y apoyar siempre en todas las cosas que nos dan presión, como saber interpretar lo que hay a nuestro alrededor utilizándolo de una manera beneficiosa.
I: ¿Hay ayuda para llegar de la casa a la escuela?
D: No. Tenemos que ir por nuestra propia cuenta. Nadie nos apoya para que podamos estudiar.
I: ¿Cuánto dura la temporada de lluvias en Guatemala?
D: Desde mediados de mayo hasta noviembre. En octubre empiezan las vacaciones. Las clases son de enero a octubre.
I: Es decir que durante 5 de 8 meses de escuela ustedes están expuestos a no poder llegar a la escuela.
F: Sí. También, por ejemplo, puede ser peligroso. En mi caso, falta un puente y hacemos equilibrio sobre una rama.
I: Tardás…
F: En bicicleta, 25 minutos.
I: ¿Si llueve?
D: Puedo ir en bicicleta pero se mojan los útiles y el uniforme. Tardo 45 minutos.
I: ¿A qué hora salís de la escuela?
D: A las 6 de la tarde.
I: Si llueve, ¿llegás de día o de noche?
D: De noche.
I: ¿Es peligroso?
D: Es muy peligroso. Una vez se nos arruinaron las bicicletas. Veníamos caminando de noche y hay ladrones; nos persiguieron una vez, en una subida, tuvimos que correr al máximo.
I: Vos, Fredy, ¿cuánto tardás para llegar a la escuela?
F: 20 minutos en bicicleta. Si llueve al máximo tal vez no puedo ir, tengo que esperar que calme o pase el lodo. Se me mancha el uniforme y nos piden revisión del uniforme.
I: ¿Aún sabiendo que vienen desde las comunidades?
D: Nos comprenden, pero poco.
F: Nos dicen que para la próxima mejoremos.
I: ¿Qué sienten si esto sucede frente a chicos que viven en el pueblo urbano de Chiché?
F: Nos sentimos mal pero qué podemos hacer, vivimos aquí. La vida es así, ¿no? No podemos hacer nada. Una vez nos pegamos un chorrazo y les dijimos: “¡Es que nos bañamos a puro traje!”
I: ¿Existen situaciones de tensión o violencia dentro de la escuela?
D: Sí, por ejemplo, tenés algo en la mochila, viene otro compañero y te lo roba; al final te quedás sin nada y no hay para reponer cada vez.
I: ¿Hay violencia, en cualquiera de sus formas, entre los chicos ladinos y los chicos de las comunidades?
F: Siempre nos respetamos con nuestros compañeros ladinos… Pero siempre bromeamos.
D: Sí, siempre nos comunicamos y tratamos por igual. Sólo con los que son de pandillas no te juntás.
I: ¿Hay acceso al agua y la electricidad en las comunidades?
D: La mayoría tiene luz eléctrica y chorros pero no suficiente.
I: ¿Cómo afecta esto al estudio?
D: No puedo hacer mis trabajos de nada, a veces hago con candelas… Debo hacerlos de día.
I: ¿Me cuentan cómo son sus familias?
F: Nosotros somos 3 hermanos, uno es varón.
D: Nosotros somos 5 hermanos, 2 varones y 3 mujeres. Es muy difícil que los 5 hermanos puedan ir a la escuela al mismo tiempo porque no hay suficiente dinero. Vamos a ver cómo hacemos para estudiar los 5, ayudándonos unos a otros.
I: Nenas y varones, ¿tienen la misma chance de que los lleven a la escuela?
F: El que es más pilas…
D: Son iguales. El primero tiene que ir y los que lo siguen…
I: ¿Por qué es importante la educación?
D: La educación es muy importante porque así se puede aportar algo a la sociedad dándole lo que necesita. Decirnos cómo hacer, cómo es la vida, porque si uno no sabe qué hacer y le dan ideas, uno puede seguir luchando hacia delante.
F: Para tener un futuro mejor y para ayudar a la sociedad.
I: ¿Sueñan con poder seguir estudiando?
F: Sí, nos gusta el estudio, nos gusta tener conocimiento de las cosas que suceden a nuestro alrededor, porque quiero ser alguien importante ayudando a todas las personas.
I: ¿Diego? ¿Qué querés estudiar?
D: Medicina.
I: ¿Por qué soñás con ser médico?
D: Aquí en mi comunidad y en Chiché, mi pueblo, no hay médicos avanzados que sepan sobre medicina; la gente tiene que irse para el Departamento de Quiché; si tienen dinero. Ahora, si no tienen dinero, tienen que aguantarse…
I: ¿Fredy, qué querés estudiar?
F: Ciencia en tecnología, para saber todos los mecanismos de cualquier máquina, como una computadora y, si en el futuro no tengo trabajo, podría arreglar computadoras, máquinas, carros, aviones. Es un sueño que tengo en la vida.
I: Diego, ¿qué le dirías a un chico de tu edad que también tiene el sueño de estudiar para mejorar su comunidad porque tiene conciencia de las cosas que pasan pero enfrenta barreras?
D: Que si un joven quiere ayudar a su comunidad, lo haga con mucho entusiasmo y, si fracasa, debe de seguir haciéndolo.
I: ¿Les gustaría agregar algo?
F: Salir de la imagen de que Guatemala no es desarrollada. Eso le pido que agregue a la nota. Para luchar por un futuro mejor hay que pedir apoyo a otras personas, sean o no del lugar. Pedir los recursos para seguir vivos aquí en Chiché. Aquí es bonito, productivo; nos da las cosas que necesitamos para que la gente lo aproveche. Necesitamos recursos, también. Diego y yo para seguir estudiando para el beneficio más grande para Chiché, para ayudar a las personas a nuestro alrededor y darle el beneficio a nuestra comunidad para que se desarrolle.
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